Friday, April 29, 2011

Antigua foto de la Real Casa de Beneficencia de La Habana

La beneficencia en la Habana…
En Cuba, el apellido Valdés conlleva un significado especial en honor al fundador de esta entidad. Se le daba ese apellido solo a los varones, pero el Obispo Valdés puso como estricta condición que el apellido fuera sin el acento. Hay varias versiones del porqué de esa petición pero la razón por la que el Obispo Valdés pidiera no se le pusiera acento a su apellido fue, porque así su familia sería la única con el apellido acentuado. Por los años 1950 se abandonó la costumbre de usar el apellido Valdés. El apellido entonces se escogía al azar. Las niñas solo recibían el apellido Rodríguez por otro benefactor y fundador.

En la fachada lateral del edificio que daba a la Calzada de Belascoaín, estaba el torno, o puerta rotatoria. Se colocaba al infante, el depósito giraba al toque de una campanilla y el niño abandonado era recibido por una monja de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, congregación que atendía aquella institución. Los niños recibían allí educación y se les adiestraba para un oficio. A los más dotados intelectualmente, se les ayudaba hasta recibir estudios superiores. Sabemos de dos casos notables:

Juan Bautista Valdés, médico y llegó a ser director de la Casa de Beneficencia y Maternidad.

El poeta Gabriel de la Concepción Valdés, (Plácido), fue también un expósito.

Antigua foto de la Real Casa de Beneficencia de La Habana
En la década del 50, el gobierno cubano compró el edificio y las monjas y los niños de la Casa de Beneficencia fueron trasladados a distintas áreas. En los terrenos se construiría la sede del Banco Nacional de Cuba cuyo proyecto murió a la llegada del gobierno revolucionario socialista, quienes utilizando el edificio casi terminado lo convirtieron en un lujoso hospital al servicio de los turistas.

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