En un bus muy parecido al de José María Escrivá, íbamos un grupo de "amigas y
amigos"...
Veíamos a través de las ventanas, los campos áridos con mucha sequia...
A medida que íbamos avanzando eran más los terrenos secos, por la falta de
lluvia. Con un silencio casi absoluto, en aquel bus nos movíamos al paso.
Invadidos por el miedo, comenzamos a hablar nuestras penas y angustias, que
había en cada uno de nosotros, presentíamos que en aquel viaje pasarían
muchas cosas, (quizás sería el final de nuestras vidas)...
El chofer que guiaba el bus nunca le podíamos ver el rostro, solo oíamos su
voz, "era una voz muy fuerte", advirtiéndonos de los peligros que
correríamos en aquel venturoso viaje.
Muchos, en aquel bus perdieron las esperanzas demasiado pronto de que
llegaríamos a salvo, dando gritos de terror, otros..., se mantenían callados
sin expresar ninguna clase de sentimientos.
Corría el tiempo..., entrabamos en una nueva experiencia, sentimos el sonido
del polvo como en un huracán, entramos en un túnel sin una luz, que nos hizo
sentir un tiempo..., extremadamente largo de camino oscuro.
Ya, por ultimo pudimos oír la voz de aquel chofer diciéndonos, ---¡no pierdan la
Fe!---, pasando casi al instante de su grito... por dentro, de una cueva llena
De fango negro, rompiendo las ventanas!, donde muchos se ahogaron en aquel
fango!
Ustedes se preguntaran... ¿y tú que sentiste? ¿Quien era aquel hombre que
guiaba el bus?, ¿como termino el viaje...?
El viaje termino en un terreno liso, y el sol…, asomado al frente del bus.
La voz fuerte "del chofer", nos mando a que ya podíamos bajarnos, pero que nos laváramos los pies y nos quitáramos el fango, con el agua que salía de una pila muy bajita.
En un viaje en bus como aquel…, comprendí que nos olvidamos de nuestro "Dios", sobre todo cuando pasamos por momentos de miedo y oscuridad... y todavía más, cuando el fango nos cubre.
“El Bus”, continúa su viaje..., “Dios”, está pendiente de nosotros..., tratemos de bajar del bus, la misma cantidad de personas que subieron, para que puedan lavarse los pies, con su agua limpia y cristalina.
Laura La Villa.
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